Julio 2, 2009

Dientes

Me siento en la clavícula a esperar.

Descansada, como un paraguas

cuelgo de ese hueso con forma de hamaca y aguardo

a que el abuelo se saque los dientes.

Entonces se mete la mano en la boca, como si introdujera una galleta invisible

- los dedos en U mayúscula, un gancho inofensivo-

y revuelve entre las encías rosadas, femeninas,

hasta que saca la prótesis por completo.

La mano vuela hasta el vaso transparente, con agua,

y deja caer la dentadura, que hace click contra el vidrio, se sacude con la oleada mínima,

queda brillando,

como una luna elegante y de marfil, en el vaso.

Ni en el fondo, ni en la superficie.

El agua responde, por el principio de Arquímedes.

Mi abuelo se duerme, primero con un ojo, luego con los dos.

Los dientes, su boca entera, después de todo,

se quedan en el vaso, en vigilia.

Mi abuelo se ríe durmiendo y su boca

sin dientes, sin contexto,

es una cueva que esconde a un animal desconfiado.

Mayo 5, 2009

Atajo

No encuentro el atajo

para respirar

debajo del agua.

Hay algo más azul

que el trueno que recorre las venas?

(Nuestras voces se superponen.

Ella está borracha, o enferma, o cansada)

Mayo 4, 2009

Madrugada

Hoy me desperté
boa constrictor,
y me tragué los restos
de la fiebre
haciéndole  crujir los huesos
de ratón invernal.

Mi casa ya no la recibe,
no.

Los pájaros se animan a la ventana
y cantan
y saltan
con los pies sobre el marco recién pintado.

Noviembre 19, 2008

(Del) Album familiar

1

Uno

Pero durante el día, al sol, se movía más que nunca.
Patadas.
Golpes.
Esas cosas.
La sombra se volvía cada vez más grande. Como dos veces el cuerpo.
Los besos estaban ahí, todavía, mezcla de consuelo y cariño casto.
Al sol, más patadas; la piel latiendo.

2


Dos

El peso de un durazno, de una fruta menuda, recién arrancada del árbol.
La boca en la boca con otro gusto (gusto a cansancio, a insomnio, a dulzor renacido).
En la falda, ruidos de pájaro dormido.

031

Tres

La mirada perdida, revoloteando.
“¿Estás ahí?”. “¿Hay alguien ahí”?.
La espalda, cuna involuntaria.
Una estación entera de juegos y risitas y cosas dichas en voz baja.

4


Cuatro

El pez recién salido del agua y ahora, el agua es la enemiga que
arde
y quita el aire de a sorbos.
Las manos, las islas.

5

Cinco

El pelo azabache, partiendo al sol en dos
por el brillo:
el juguete predilecto.
La cara limpia, el cuerpo recobrado.
Responder, estar despierta.
De ahora en más, los brazos se vuelven anclas.

Octubre 15, 2008

Ojo de pez

Todo se ve vidrioso, aguado

y verde,

tan verde,

que dan ganas de llorar y

estremecerse.

Septiembre 16, 2008

Las uñas rojas

Las uñas rojas, de madre,
cortadas a lo niña,
y el plato de comida: fideos redondos, diminutos, manteca y queso.
Me pinto las uñas como madre un lunes por la noche
porque me siento sola y con el esmalte rojo me invento
una familia.
La comida
también es de madre:
de madre apurada o de padre poco hábil.
Disimulo: los fideos están fríos, o muy tibios.
No me quejo: mis dedos se esfuerzan por ser madres y cocineros,
llenándome el plato con un manjar deseado.
El silencio es cansador y entonces: música.
Y ahora la música es más pesada que el silencio,
porque los dedos con esmalte rojo,
los fideos,
la familia ausente
y yo
sabemos que no es más que ruido
– colorido, pero ruido de todas formas-.
Me alimento a tenedorzazos;
no tengo hambre y los dedos tocan con su estampa de cosa importante
roja,
plastificada, y se detienen
para llenarme la boca de fideos fríos.
Los dedos vivos, revoloteando,

de la r, a la e, a la v, a la o, a la l, a la o, a la t, a la e, a la a, a la n, a la d, a la o,
atolondrados,
rojo sangre adulta,
sangre de herida nueva;
rojo estrella lejana;
rojo madre de ojos rojos y manos rojas
porque el contacto con el agua lastima,
porque el contacto con el fuego quema,
porque el contacto,
porque él…
Las uñas rasgan,
rasgan y me enfrentan a la pocilga
de los lunes vacíos que si quieren
son martes o sábados
o jueves.
Las uñas son burlonas, rojas,
poderosas
porque la oscuridad se rinde ante ellas con debilidad de pájaro:
se acuesta en las uñas rojas, la noche;
la noche se acuesta en las uñas rojas y parpadea
hasta quedarse dormida o quizá finja.
Las uñas separadas del cuerpo, como soldados arrogantes,
rojos,
enfurecidos,
que van y vienen haciendo sus tareas
de madre,
de gente importante,
roja,
fascinados por saberse encarnados.
Me acarician la cara, y diez marcas rojas me recortan las formas
para siempre;
las formas sin sueño, insípidas,
de lunes por la noche o sábado.
Y las uñas rojas bailan las notas
naranjas
de una canción que les impide concentrarse en su
fábula de sombras, no, de formas rojas.

Los dedos, diez calles rojas, diez ciudades rojas
abandonadas después del azote de una peste roja y acrílica
y todo es rojo uña al atardecer,
sobre el empedrado sonrojado.

Septiembre 16, 2008

III

Tengo el cuerpo lleno de

astillas

y noticias falsas.

Septiembre 16, 2008

Una mujer mala

A la sombra de una mala mujer

no crecen flores.

Ni la vida repta, alegre, en una coreografía
coral de antenas

y aguijones.

A la sombra de una mujer mala

Se precipita el rumor de crujidos incómodos, maliciosos.

El run run se vuelve escándalo y entre las hojas, los ojos

buscan y encuentran.

Nadie quiere a una mujer mala.

Septiembre 2, 2008

Pánico entre rosas

Entonces el estómago hecho un ovillo de lana,

apretado,

pero no:

a sonreir mientras los septiembres se llenan de matas a punto de descomponerse de tanta frescura.

A la sombra de la sombra las rosas,

simulando un vapor de miel y de tormento:

son rojas porque sangran, porque tienen

las venas

hamacándose

a punto de desbordarse de los pétalos.

Alguien tose y se abanica;

el zumbido muerto del papel de seda

(en el inviolable agazaparse del mediodía)

interrumpe el cantarín zapateo del agua en la fuente.

En el pecho, la lana se extiende y abrasa.

Pero sonrío entre verdes y flores,

como si nada.

Agosto 23, 2008

La boca llena de besos

Caminante acornisada,

Temeraria,

Haciéndosele huecos en la boca después de cada verbo:

Y donde había una palabra inútil florecían las acciones.

Cantar. Matar. Dormir. Rezar. Escupir. Mirar

Caminante temeraria,

Las cornisas,

eran apenas afiladas y a continuación

bordado

el vacío, como un adorno imprescindible y familiar.

Y la boca llena de verbos, de versos.