Julio 11, 2008...3:15 am

Carola (III)

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le daban pena,
tanta tristeza honda y coagulada
las mudanzas:
los muebles fuera de sus rincones,
achatados, sin compañía,
(una silla sin compañeras, sin juegos, no es una silla: es un caballo muerto o ni eso
ni eso)
y lloraba y detrás del sillón desubicado y estúpido
que quebraba en dos la entrada de la casa,
se pasaba un pañuelito blanco y florido por la nariz enrojecida en varios puntos,
y después en los ojos aguándose por
la cama, vertical inútil contra la puerta de calle,
lloraba con sollozos de mosca,
esquivándole la mirada a la hija, siempre sombreada de perros,seguida,coronada de dientes

callejeros y pelajes duros,
que le perseguía el gesto con obstinación y furia
-te veo, te veo, decía con el pelo áspero y recogido en media cola,
te veo te veo, con la espalda encorvada arrastrando los muebles como
una inundación inesperada, vuelta de pronto un río marrón y caprichoso,
malo o traicionero por el miedo, la superficie (de la cara) revuelta y arremolinada
mamá mamá son muebles,
por Dios,
son muebles
y Carola atrás del sillón, encorvada en vano porque igual la espalda
desde todos los rincones
escondiendo el pañuelito blancoflorido en el bolsillo del batón
pero ahí, en la nariz,
los puntos enrojecidos,
y la tristeza coagulada
en un caballo de madera que antes había sido
debía haber sido una silla.

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