Uno
Pero durante el día, al sol, se movía más que nunca.
Patadas.
Golpes.
Esas cosas.
La sombra se volvía cada vez más grande. Como dos veces el cuerpo.
Los besos estaban ahí, todavía, mezcla de consuelo y cariño casto.
Al sol, más patadas; la piel latiendo.
Dos
El peso de un durazno, de una fruta menuda, recién arrancada del árbol.
La boca en la boca con otro gusto (gusto a cansancio, a insomnio, a dulzor renacido).
En la falda, ruidos de pájaro dormido.
Tres
La mirada perdida, revoloteando.
“¿Estás ahí?”. “¿Hay alguien ahí”?.
La espalda, cuna involuntaria.
Una estación entera de juegos y risitas y cosas dichas en voz baja.
Cuatro
El pez recién salido del agua y ahora, el agua es la enemiga que
arde
y quita el aire de a sorbos.
Las manos, las islas.
Cinco
El pelo azabache, partiendo al sol en dos
por el brillo:
el juguete predilecto.
La cara limpia, el cuerpo recobrado.
Responder, estar despierta.
De ahora en más, los brazos se vuelven anclas.




