le daban pena,
tanta tristeza honda y coagulada
las mudanzas:
los muebles fuera de sus rincones,
achatados, sin compañía,
(una silla sin compañeras, sin juegos, no es una silla: es un caballo muerto o ni eso
ni eso)
y lloraba y detrás del sillón desubicado y estúpido
que quebraba en dos la entrada de la casa,
se pasaba un pañuelito blanco y florido por [...]